miércoles, 15 de junio de 2016

Letras para desbloquear letras

¡Hola a tod@s!

Ha pasado una semana desde mi última entrada, pero es que, de verdad, no he tenido un solo momento de paz. Como sabéis, estuve trabajando en la Feria del Libro de Madrid y creedme, es algo agotador. Hay muchísima gente con la que hablar, muchos libros que vender, muchas oportunidades que ofrecer. Y aunque parezca algo relativamente fácil... termina por acabar con tus fuerzas.
Por eso mismo y sumado al trabajo, apenas he podido escribir nada. ¡Pero la feria ha terminado! Y eso quiere decir que puedo continuar con mis letras.

Como sabéis, terminada ya la reedición de Conquistando lo imposible (ahora solo queda la corrección del editor) retomé la tercera parte de la saga (ya sabéis, la historia de Amanda) una historia muy diferente a lo que he escrito ahora. Posiblemente por eso me está costando centrarme, aunque, de verdad, no os imagináis las ganas que tengo de que la leáis (son muchas, de verdad). Sin embargo, a veces me cuesta seguir escribiendo y últimamente me bloqueo con cierta facilidad. Para evitar esto, tengo otro proyecto abierto que espero que vea la luz en poco tiempo. Se trata de una historia de fantasía juvenil, centrado en un joven granjero que debe salvar el mundo: Rohan y los seis perros del rey.

Me gustaría sinceramente que fuera una serie de libros, pero lo primero es empezar por el principio. La idea la tengo ya desde hace un tiempo pero es ahora cuando está floreciendo... por lo que me gustaría compartirlo con vosotros. Apenas es un trocito (el prólogo) pero me gustaría que me dierais vuestra opinión. El fragmento que os dejo a continuación no está corregido, así que es, como podría decirse... Abi en estado puro. Luego imagino que será un poco diferente.

¡Espero que os guste!

Prólogo: La leyenda de los guardianes


En Láhora siempre corrían multitud de leyendas sobre los antiguos guardianes del reino. Unos, decían que no existían. Otros, más viejos y sabios, remontaban sus palabras a los libros antiguos y a los pergaminos de la abadía y juraban sobre sangre y fuego que decían la verdad. Había también quienes confiaban en ellos y quienes les maldecía bajo el techo seguro de sus casas.
Fuera como fuera, nadie recordaba haberlos visto nunca, ni siquiera aquellos que defendían sus creencias a capa y espada.
Pero los guardianes eran reales como el sol, la lluvia y el viento que se estrellaba contra el castillo de Kóle. En su interior, tras la roca oscura y lisa, los siete guardianes del mundo permanecían encerrados, convertidos en perros de pelaje negro y sometidos a una magia antigua y despiadada.
La magia de un rey cruel y de un nigromante cobarde.
Llevaban encerrados en aquel castillo muchos años, desde que el rey Manut y su consejero, Rutó, les invocaron en busca de ayuda. Por aquel entonces Láhora estaba inmersa en la ferocidad de la guerra y aunque sus soldados eran bravos y valientes, no se veía buen fin para la contienda… ni para el propio reino.
Por eso, Fuego y sus seis hermanos accedieron a ayudar a los ejércitos de Láhora, con la condición de que, al finalizar la lucha, les construyeran un templo donde descansar y recuperar la magia perdida.
Sin embargo, Manut tenía otros planes para los siete guardianes: cuando la guerra terminó y Fuego regresó herido y cansado, lo encerró en una prisión mágica del castillo. Un lugar frío y oscuro, donde drenó su magia para alargar su propia existencia y la del reino que gobernaba.
Los seis hermanos restantes no tuvieron mejor suerte. Y aunque intentaron escapar a su propio mundo, su magia, debilitada por la lucha, les falló. Rutó, el nigromante del rey, aprovechó ese momento de convalecencia y debilidad para capturarlos uno a uno, hasta que los siete hermanos estuvieron encerrados en las mazmorras del castillo.
¿Intentaron escapar? Sí, por supuesto que lo intentaron... sin éxito. La guerra había mermado sus fuerzas y poco podían hacer contra la magia que les retenía contra su voluntad.
Pero la magia, como toda criatura del mundo, tenía un límite. Y cuando el rey lo sobrepasó y lo rompió, las cadenas mágicas de los perros guardianes desaparecieron.

Entonces, huyeron.  





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